Todo empezó en Santoña

Antes de que existiera Pujadó Solano, estaba Milagros Solano. Nació en Santoña, en una familia ligada al mar y a la tradición del salazón de la anchoa. Creció cerca de un oficio que conocía el valor de escoger bien el pescado, darle su tiempo y trabajar cada filete con cuidado.

En los años 70 empezó a tomar forma una idea: crear un proyecto propio a partir de ese conocimiento. Con el apoyo de su marido, Alfonso Pujadó, Milagros decidió dar el paso.

Un proyecto familiar nacido en 1984

Milagros y Alfonso fundaron Pujadó Solano en Barcelona en 1984. La empresa nació lejos de Santoña, pero con sus raíces muy presentes: querían elaborar conservas en las que se reconocieran la calidad de la materia prima y el cuidado de la elaboración artesanal.

Fueron años de trabajo, aprendizaje y esfuerzo compartido. Poco a poco, el proyecto creció y llegó a más personas. Lo que comenzó con la iniciativa de Milagros y Alfonso se convirtió en una empresa familiar con un propósito que seguimos haciendo nuestro: ofrecer productos de los que podamos sentirnos orgullosos.

Nuestro secreto está en cómo hacemos las cosas

Nos gusta hablar de la calidad de nuestras conservas, pero sabemos que esa palabra solo tiene sentido cuando se traduce en decisiones concretas.

Empieza por elegir bien la materia prima. Continúa al respetar los tiempos de elaboración y al confiar en las manos expertas que trabajan cada producto. Una anchoa necesita madurar antes de llegar al fileteado; después, hay que limpiarla y prepararla una a una. En nuestros boquerones y en el bonito del norte, cada proceso requiere también atención y conocimiento.

Detrás de cada envase hay personas. Su experiencia, su paciencia y su trabajo diario son una parte esencial de lo que somos. Cuando decimos que elaboramos de forma artesanal, hablamos de ellas y de un oficio que merece ser valorado.

La vuelta a Santoña

En 2002, la empresa amplió su capacidad de producción con una nueva nave en Santoña. Fue un paso importante para seguir creciendo y, al mismo tiempo, una vuelta a las raíces de Milagros.

Santoña es una villa estrechamente unida al mar, a la pesca y a la elaboración de anchoas. Aquí, este trabajo forma parte de la historia de muchas familias y le ha valido el nombre de «Cuna de la Anchoa». Volver significaba estar cerca de ese conocimiento y continuar nuestro camino en el lugar donde había empezado la historia de Milagros.

De Santoña al mundo

Nos esforzamos para que nuestros productos lleguen a mesas de todas partes, desde las de quienes viven cerca de Santoña hasta las de quienes nos descubren en otros países. Queremos que, estén donde estén, puedan disfrutar del trabajo que hacemos aquí.

Para llegar también a quienes viven fuera de España, contamos con un departamento de exportación que cuida que nuestros productos viajen y lleguen en las mejores condiciones. Y tanto si una conserva se comparte cerca de casa como si cruza una frontera, lleva consigo el trabajo de nuestro equipo y una pequeña parte de nuestra historia.

Un legado que sigue vivo

Milagros y Alfonso ya no están con nosotros, pero siguen muy presentes en Pujadó Solano. Hoy sus hijos y nietos forman parte del proyecto que ellos comenzaron.

Continuar su legado no consiste únicamente en recordar cómo empezó la empresa. También significa cuidar lo que nos enseñaron, reconocer el trabajo de las personas que nos acompañan y tomar decisiones que permitan que este proyecto siga adelante.

Han pasado más de cuatro décadas desde 1984. Hemos crecido y hemos incorporado nuevos productos, pero seguimos siendo una empresa familiar que conoce su origen y quiere mantenerlo vivo.

Gracias por querer conocernos

Si has llegado hasta aquí, gracias por dedicar unos minutos a nuestra historia. Quizá ya conocías nuestros productos; ahora conoces un poco mejor a la familia y al equipo que los hace posibles.

Milagros y Alfonso iniciaron este camino. Sus hijos, sus nietos y todas las personas que forman parte de Pujadó Solano seguimos recorriéndolo, con Santoña siempre presente y con ganas de compartir contigo lo que hacemos.